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De vez en cuando busco fotos viejas y me pasa que cuando veo las fotos de mis viejos, no sé muy bien en que pienso. Me imagino la historia que hay detrás de esas fotos, los momentos que vivieron, los buenos y los no tan buenos. Miro sus ropas, las caras que ponían, a mi mama con pelo largo y mi papá siempre hablando cuando sacan la foto. Me imagino sus conversaciones, de que hablaban cuando me tenían en brazos, de sus peleas, de todo lo que programaban para sus vidas. Y después, dejo de tomar mi café de todos los días y me pregunto ¿Y de nosotros que queda? De nuestra generación, hablo. Nuestras fotos son selfies, nuestra mirada es la que el otro desea ver, nuestra historia es satisfacer a los demás, nuestros sentimientos son exageraciones o distorsiones de lo que nos pasa, nuestras fotos son tan solo fotos que terminan siendo borradas para hacer espacio en nuestra tarjeta de memoria. Que absurda y patética es nuestra vida. Yo escribo, acá, en mi lugarcito secreto pero no sé si escribo para contar mi historia. No sé si mi historia merece ser contada. Por un lado no sé a quien le importaría leerla y por el otro algo adentro mio me dice que la cuente, que la transmita. ¿Pero, yo tendré una verdadera historia, como las de mis papas? Soy yo solamente, con mis diecisiete años, algunos corazones rotos, cierta familia, ciertos amores, ciertos amigos, ciertas anécdotas. ¿Sera que quedaran cosas para pensar construir e inventar?

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